Pocas personas se cepillan los dientes después de comer. Antes, nadie, que yo sepa (sólo tengo noticia de las extrañas costumbres higiénicas de Santiago Segura, quien se lava las manos antes de miccionar porque su polla es sagrada y se merece todo tipo de medidas preventivas, no vaya a cogernos una infección).
Pero los dientes, ¿son sagrados?
He conocido a un hombre que los lleva de porcelana. Sonríe orgulloso, tienen que haberle costado caros (son carillas hasta el incisivo, tres pares de piezas creadas a mano según una moldura personalizada que sabe a menta).
Pero eso es una cuestión estética. ¿Y la higiene? Se come fuera de casa, de cualquier manera, tragando el humo de personas extrañas, fiándonos de que el camarero no escupió en nuestro plato porque le caímos mal al pedirle el menú del día.
Luego los dientes se quedan con todo eso en sus rincones. Ser pulga y explorar el interior de una boca recién comida. Hebras de filete como montañas, semillas de sésamo en la raíz de los dientes, ocultas entre la encía. Toda una selva de restos a punto para la putrefacción.
Ser cepillo dental. Traumático. Íntimo, como las putas. Te compran para silenciar sus malos hábitos. Si hablases, confesarías a qué saben algunas bocas, y en ocasiones es mejor no saberlo.
Una vez Sonia I se arrodilló delante de su jefe, en su despacho. Les descubrió Manuel, que entró despreocupado, y ella con la boca abierta, con relleno fálico.
Qué diría ese día su cepillo de dientes. A quién. Pobre. Sudor, semen, restos de piel añeja (de más de 60 años). Todo enredado en las cerdas del cepillo. ¿Se llamarán así por eso? No, que me contó mi madre que es porque antiguamente se hacían los cepillos con los pelos de los cerdos.
Definitivamente, pido no.
Aquí mi historia. 50 m3 a mi alrededor. A cada estímulo que sobrepasa la barrera de mi memoria de pez.
31 may 2006
29 may 2006
El secreto de la medusa
Estoy leyendo a Freud. Pobre victoriano inhibido.
La mujer vista como un ente frágil, idealizado, a la que el hombre impone su brutalidad sexual. Complejo de culpa. Se desea a quien no se puede amar, se ama a quien no se puede desear.
Las putas pierden el derecho a ser amadas por su propia sexualidad. Las esposas pierden el derecho a su sexualidad para ser amadas.
Aún pasa.
Hombres convencidos del papel ornamental de la mujer. Seres angelicales, inocentes, dulces, acogedores, hermosos en su ingenuidad.
Deben gustarnos las caricias en la barbilla con el dorso de la mano, los besos en los ojos, los secretos, dulces, al oído, los abrazos protectores, de los que hacen pensar que no volverá a pasarnos nada malo nunca jamás. Que se duerman en nuestro regazo mientras nos oyen respirar. Despacio.
Además, está lo otro, lo que ellos no imaginan.
Pensar en un hombre desnudo, imaginar su cara mientras tiene un orgasmo, preguntarnos con qué mano se masturba, si aguantará hasta que nosotras o se hará inservible, entre sudores, al primer movimiento. Si escuchar su aliento mientras le montamos nos excitará aún más.
Cuando le sonreímos, dulces: En eso pensamos.
La mujer vista como un ente frágil, idealizado, a la que el hombre impone su brutalidad sexual. Complejo de culpa. Se desea a quien no se puede amar, se ama a quien no se puede desear.
Las putas pierden el derecho a ser amadas por su propia sexualidad. Las esposas pierden el derecho a su sexualidad para ser amadas.
Aún pasa.
Hombres convencidos del papel ornamental de la mujer. Seres angelicales, inocentes, dulces, acogedores, hermosos en su ingenuidad.
Deben gustarnos las caricias en la barbilla con el dorso de la mano, los besos en los ojos, los secretos, dulces, al oído, los abrazos protectores, de los que hacen pensar que no volverá a pasarnos nada malo nunca jamás. Que se duerman en nuestro regazo mientras nos oyen respirar. Despacio.
Además, está lo otro, lo que ellos no imaginan.
Pensar en un hombre desnudo, imaginar su cara mientras tiene un orgasmo, preguntarnos con qué mano se masturba, si aguantará hasta que nosotras o se hará inservible, entre sudores, al primer movimiento. Si escuchar su aliento mientras le montamos nos excitará aún más.
Cuando le sonreímos, dulces: En eso pensamos.
24 may 2006
Con la soga al cuello
Conozco a un ser sin capacidad de escucha. Oye, pero no intuye que en ello va el alma de las personas. O le da igual. Prefiero pensar que no intuye.
Impermeable, impone.
Ajeno a la realidad inminente, pretende, con sus palabras, crear un muro invisible de protección.
Se cree inmune a lo inevitable, porque lo mira desde arriba y piensa: "No, a mí no me llega".
¿Y los demás? Eso no entra en su muro, eso no es su problema.
¿Quién le enseñó a no escuchar?
¿Cómo puede vivir, sentirse vivo, aislado del resto del mundo?
¿Alcanza acaso a imaginar el sentimiento de otro? ¿Se puede vivir sin esto? Sin imaginar, ni de lejos, lo que otro piensa, siente o necesita. Lejos de todo lo que no sea el gran Yo que lo inunda todo.
Tamaña estupidez nunca fue conocida. Ignorancia de la propia carencia, base del alma paupérrima.
Impermeable, impone.
Ajeno a la realidad inminente, pretende, con sus palabras, crear un muro invisible de protección.
Se cree inmune a lo inevitable, porque lo mira desde arriba y piensa: "No, a mí no me llega".
¿Y los demás? Eso no entra en su muro, eso no es su problema.
¿Quién le enseñó a no escuchar?
¿Cómo puede vivir, sentirse vivo, aislado del resto del mundo?
¿Alcanza acaso a imaginar el sentimiento de otro? ¿Se puede vivir sin esto? Sin imaginar, ni de lejos, lo que otro piensa, siente o necesita. Lejos de todo lo que no sea el gran Yo que lo inunda todo.
Tamaña estupidez nunca fue conocida. Ignorancia de la propia carencia, base del alma paupérrima.
23 may 2006
Endiablada
Niña de palabras tristes. Pocas.
Ojos llenos de peros.
Risa que brota ante el daño ajeno.
Llanto ante la carencia.
Consecuencia de la abulia.
Sinsentido de la orientación.
Sentimiento de culpa.
Lenta en la planificación organizada.
Vida con preensayos.
Niños que la asustan.
Mariale.
Ojos llenos de peros.
Risa que brota ante el daño ajeno.
Llanto ante la carencia.
Consecuencia de la abulia.
Sinsentido de la orientación.
Sentimiento de culpa.
Lenta en la planificación organizada.
Vida con preensayos.
Niños que la asustan.
Mariale.
22 may 2006
Sabor a testigo
Ocultarme, fingir que no me ven hasta hacerles creer que no sé que estoy ahí. Se acostumbran, se relajan y comienzan a hablar. Desprenden sus ideas, sus costumbres, sus risas comprometedoras, comprometidas. La inconsciencia del testigo presente, pero inactivo, el testigo-mueble.
Un amigo que observa, reservado, tímido, desde la esquina, lo que hacen los demás. Le observas a él y aparta la mirada, fingiendo que piensa en algo ajeno a la conversación, en su propio universo.
Te acostumbras a su presencia. Apenas molesta.
Ya no bajas la voz cuando entra o sale de la habitación, porque al fin y al cabo su propio aislamiento le separa de tus palabras.
Pero está ahí, espía mudo de tu mundo. Conoce tus miradas, tus medias sonrisas, el tono de voz de cada uno de tus estados de ánimo, sabría explicarte por qué hoy te levantaste de mal humor. Sabe lo que no debe decir y si lo hace, guárdate de sus intenciones, porque te ha estudiado, al milímetro, para jugar contigo.
Un amigo que observa, reservado, tímido, desde la esquina, lo que hacen los demás. Le observas a él y aparta la mirada, fingiendo que piensa en algo ajeno a la conversación, en su propio universo.
Te acostumbras a su presencia. Apenas molesta.
Ya no bajas la voz cuando entra o sale de la habitación, porque al fin y al cabo su propio aislamiento le separa de tus palabras.
Pero está ahí, espía mudo de tu mundo. Conoce tus miradas, tus medias sonrisas, el tono de voz de cada uno de tus estados de ánimo, sabría explicarte por qué hoy te levantaste de mal humor. Sabe lo que no debe decir y si lo hace, guárdate de sus intenciones, porque te ha estudiado, al milímetro, para jugar contigo.
18 may 2006
Con el alma en los tacones
Me fijo en los zapatos: Superficies inocentes de piel, intentamos que nos cubran y en realidad nos delatan. Dicen, de nosotros, lo que con el resto del cuerpo ocultamos. Que tenemos miedo, que queremos más, que necesitamos tiempo, que pensamos mucho, que nos gusta que nos miren, que necesitamos atención en la distancia.
Fíjate en si lleva cordones: Si el lazo es doble y bien apretado, si los lleva sueltos o mal atados, si están recién puestos o comidos por las puntas. Si le gusta el riesgo o necesita control, si sabe imrpovisar o es planificador, si es estricto o generoso.
Si son de tela o cuero y de qué color. Si es importante la apariencia o sólo el fondo, si dice sólo lo que las palabras significan o sugiere sentimientos camuflados entre sílabas.
Si son altos o bajos. Si se atreve a tocar el suelo y sentir que forma parte de él o prefiere asumir que aplastar es lo menos malo.
Si llevan tacón o suela plana. Si necesita que piensen que evoluciona, hacia arriba, o prefiere que le consideren asentado y seguro. Si es un pájaro, libre y frágil, que despega, o una tortuga, infalible, en su caparazón.
Si terminan en punta o son romos. Si está a la defensiva, pendiente de la respuesta al entorno, o se adapta hasta convertirse.
Si llevan adornos adicionales. Si necesita dar un elemento adicional a lo que hace para imprimir valor, porque la mera funcionalidad le aburre.
Si sólo contienen lo necesario para cumplir su función. Si le gusta ahorrar en lo superfluo para desprenderse en lo importante. Lo que nadie ve. Lo que tú presientes.
Si son esbeltos, adornados, detallistas. Si pretenden o asumen.
La persona que está dentro los eligió.
Fíjate en si lleva cordones: Si el lazo es doble y bien apretado, si los lleva sueltos o mal atados, si están recién puestos o comidos por las puntas. Si le gusta el riesgo o necesita control, si sabe imrpovisar o es planificador, si es estricto o generoso.
Si son de tela o cuero y de qué color. Si es importante la apariencia o sólo el fondo, si dice sólo lo que las palabras significan o sugiere sentimientos camuflados entre sílabas.
Si son altos o bajos. Si se atreve a tocar el suelo y sentir que forma parte de él o prefiere asumir que aplastar es lo menos malo.
Si llevan tacón o suela plana. Si necesita que piensen que evoluciona, hacia arriba, o prefiere que le consideren asentado y seguro. Si es un pájaro, libre y frágil, que despega, o una tortuga, infalible, en su caparazón.
Si terminan en punta o son romos. Si está a la defensiva, pendiente de la respuesta al entorno, o se adapta hasta convertirse.
Si llevan adornos adicionales. Si necesita dar un elemento adicional a lo que hace para imprimir valor, porque la mera funcionalidad le aburre.
Si sólo contienen lo necesario para cumplir su función. Si le gusta ahorrar en lo superfluo para desprenderse en lo importante. Lo que nadie ve. Lo que tú presientes.
Si son esbeltos, adornados, detallistas. Si pretenden o asumen.
La persona que está dentro los eligió.
17 may 2006
Días de saldo
Necesito tener algo que celebrar.
No es mi cumpleaños. No me ha tocado la lotería. No es mi santo, no voy a tener un hijo.
No me han publicado un libro, no me han dado ningún premio, no he ganado ningún concurso.
Porque hoy es hoy, como dicen los de Nestlé.
Pero ésa no es la cuestión. En realidad, ¿hago yo algo que merezca ser celebrado?
Me asaltan las dudas desde lo más lejano de la dejadez mental y ética.
Me dejo llevar. Es fácil, nadie te ve.
Avanzar en una dirección imprevista requiere esfuerzo. La gente que te quiere empieza por darse cuenta, luego se alarma, después intenta convencerte de que te estanques, de nuevo, donde estabas, que enfermarás del esfuerzo por salir de lo monótono.
Asfixia. Ganas de salir volando, no por ir a ninguna parte, sino por el placer de despegar, lejos.
Qué bonito concepto, lejos. No implica nada, sólo que no estás aquí. Que no te acompaña la rutina, que no vuelves con lo que saliste, que te renuevas. Que tú ya no, porque ahora es distinto. Lejos.
Botas de las siete leguas, no me buscan.
Sigo siendo la princesa en el castillo. Sigo esperando a que algo, alguien o nada me rescate.
Mientras, la vida es eso que se va mientras la oportunidad llega.
Que no, que no quiero. No quiero: Regalo mi tiempo a quien sepa aprovecharlo mejor. Estoy cansada de perderlo, de malgastarlo, de ver cómo otros que sí saben no tienen tanto. ¿Se puede vender una vida? ¿Regalar los días para que los viva, con su cuerpo y en su tiempo, otra persona? Morir dos semanas antes para que otro viva dos semanas más.
Es en lo único en lo que Él no da opción. Chico listo, el Príncipe de la opción múltiple.
No es mi cumpleaños. No me ha tocado la lotería. No es mi santo, no voy a tener un hijo.
No me han publicado un libro, no me han dado ningún premio, no he ganado ningún concurso.
Porque hoy es hoy, como dicen los de Nestlé.
Pero ésa no es la cuestión. En realidad, ¿hago yo algo que merezca ser celebrado?
Me asaltan las dudas desde lo más lejano de la dejadez mental y ética.
Me dejo llevar. Es fácil, nadie te ve.
Avanzar en una dirección imprevista requiere esfuerzo. La gente que te quiere empieza por darse cuenta, luego se alarma, después intenta convencerte de que te estanques, de nuevo, donde estabas, que enfermarás del esfuerzo por salir de lo monótono.
Asfixia. Ganas de salir volando, no por ir a ninguna parte, sino por el placer de despegar, lejos.
Qué bonito concepto, lejos. No implica nada, sólo que no estás aquí. Que no te acompaña la rutina, que no vuelves con lo que saliste, que te renuevas. Que tú ya no, porque ahora es distinto. Lejos.
Botas de las siete leguas, no me buscan.
Sigo siendo la princesa en el castillo. Sigo esperando a que algo, alguien o nada me rescate.
Mientras, la vida es eso que se va mientras la oportunidad llega.
Que no, que no quiero. No quiero: Regalo mi tiempo a quien sepa aprovecharlo mejor. Estoy cansada de perderlo, de malgastarlo, de ver cómo otros que sí saben no tienen tanto. ¿Se puede vender una vida? ¿Regalar los días para que los viva, con su cuerpo y en su tiempo, otra persona? Morir dos semanas antes para que otro viva dos semanas más.
Es en lo único en lo que Él no da opción. Chico listo, el Príncipe de la opción múltiple.
10 may 2006
Miedo a ser mayor
No es la edad; no son las arrugas. No es el pecho descolgado, el dolor en las rodillas, las varices. No es el color de los dientes, no la carne que cuelga en los codos.
Es la soledad.
Problemas sin paracaídas, te embisten sin preguntar. ¡Ojalá fueran tímidos! (los problemas):
-Disculpe, ¿le importa que le moleste ahora? Soy un problema, he venido a buscarle, pero no sé si es buen momento...
Al menos, se podría negociar.
Sería un buen oficio:
- ¿En qué trabaja?
-Soy distribuidor de problemas.
Sí, alguien que te ceda un espacio organizado donde aparcar los problemas hasta saber cómo resolverlos. Tiempo para digerir, para pensar, para obtener los recursos. Luego, despacio, se les deja entrar, pero que antes llamen a la puerta, con educación.
Un contenedor, el hombre presa, el sostén:
- ¿De qué se ocupa?
- Sostengo problemas.
No dejaría de resolverlos yo misma. Eso no; sería como consentir que otro viviera mi tiempo. Pero el espacio, el margen, los plazos... Que la vida asuma que con dos manos y un cerebro no se llega tan lejos, al menos no de una sentada. Por etapas:
- ¿Para qué?
- Para encauzar en el tiempo.
Encauzador temporal de problemas sostenibles. Departamento de distribución de la felicidad.
Eso quiero yo, cuando sea mayor.
Es la soledad.
Problemas sin paracaídas, te embisten sin preguntar. ¡Ojalá fueran tímidos! (los problemas):
-Disculpe, ¿le importa que le moleste ahora? Soy un problema, he venido a buscarle, pero no sé si es buen momento...
Al menos, se podría negociar.
Sería un buen oficio:
- ¿En qué trabaja?
-Soy distribuidor de problemas.
Sí, alguien que te ceda un espacio organizado donde aparcar los problemas hasta saber cómo resolverlos. Tiempo para digerir, para pensar, para obtener los recursos. Luego, despacio, se les deja entrar, pero que antes llamen a la puerta, con educación.
Un contenedor, el hombre presa, el sostén:
- ¿De qué se ocupa?
- Sostengo problemas.
No dejaría de resolverlos yo misma. Eso no; sería como consentir que otro viviera mi tiempo. Pero el espacio, el margen, los plazos... Que la vida asuma que con dos manos y un cerebro no se llega tan lejos, al menos no de una sentada. Por etapas:
- ¿Para qué?
- Para encauzar en el tiempo.
Encauzador temporal de problemas sostenibles. Departamento de distribución de la felicidad.
Eso quiero yo, cuando sea mayor.
5 may 2006
La intimidad del moco
El moco es íntimo (o eso dice Tania). ¿Porque sale de nuestro interior? Igual que las babas, el flujo menstrual, el sudor o el esperma. E incluso las lágrimas. Todo lo que expelemos es íntimo. Incluso, algunos se empeñan en devolverlo al interior. Los niños se comen los mocos, las putas se tragan el esperma, y un obrero de la construcción el año pasado me dijo que quería comerme la regla a cucharadas. Interesante.
Los mocos no se enseñan. Enseñamos nuestras ideas, presumidos ante la intención de ser brillantes, pobres. Enseñamos nuestro cuerpo con la intención de gustar a quien nos gusta. Enseñamos nuestra alma a quienes sentimos. Pero los mocos no. Ésos no se enseñan. Verdes, líquidos, pringosos, compactos (de los que te arrancan los pelos de la nariz al salir) son entes ocultos que guardamos con sumo cuidado dentro del pañuelo, para luego tirarlo y olvidarnos de lo que una vez fue tan nuestro.
¿Despreciamos lo que genera nuestro cuerpo? Quizá es porque todo huele. Excepto las lágrimas. Porque incluso hasta los mocos a veces también. Las lágrimas no. Por eso nos atrevemos, incumplimos la norma y en ocasiones -las menos- mostramos en público una parte nacida de nuestro interior. No huelen, no son peligrosas. Todo lo otro, lo nuestro, lo expelido, es restringido al terreno de lo cuidadosamente íntimo. Será para creernos entes de razón, inoloros, no animalescos.
¿No tenemos derecho a lo corpóreo? Derecho a los mocos. A expeler. A oler. A defecar. A menstruar. A dejar un rastro visible de que nuestro cuerpo es tan biológico como el de cualquier animal. Derecho a demostrar que no somos racionales. ¡Ave, excrementos!
Los mocos no se enseñan. Enseñamos nuestras ideas, presumidos ante la intención de ser brillantes, pobres. Enseñamos nuestro cuerpo con la intención de gustar a quien nos gusta. Enseñamos nuestra alma a quienes sentimos. Pero los mocos no. Ésos no se enseñan. Verdes, líquidos, pringosos, compactos (de los que te arrancan los pelos de la nariz al salir) son entes ocultos que guardamos con sumo cuidado dentro del pañuelo, para luego tirarlo y olvidarnos de lo que una vez fue tan nuestro.
¿Despreciamos lo que genera nuestro cuerpo? Quizá es porque todo huele. Excepto las lágrimas. Porque incluso hasta los mocos a veces también. Las lágrimas no. Por eso nos atrevemos, incumplimos la norma y en ocasiones -las menos- mostramos en público una parte nacida de nuestro interior. No huelen, no son peligrosas. Todo lo otro, lo nuestro, lo expelido, es restringido al terreno de lo cuidadosamente íntimo. Será para creernos entes de razón, inoloros, no animalescos.
¿No tenemos derecho a lo corpóreo? Derecho a los mocos. A expeler. A oler. A defecar. A menstruar. A dejar un rastro visible de que nuestro cuerpo es tan biológico como el de cualquier animal. Derecho a demostrar que no somos racionales. ¡Ave, excrementos!
La edad de Laura
Me restauré. Los miedos quedaron enredados en la almohada, vivo nueva. Hoy mamá Laura cumple años. La permitieron venir para enseñarme, el Diablo y su sentido del humor, tan generoso. Elegir: Conciencia, gusto, miedo, respeto, asco. Que todo lo que venga cobre un sentido único que sólo podemos darle desde aquí y ahora, en un porqué enganchado en las razones inestables del momento. Él lo sabe y nos complica, delicioso, para que cada decisión cobre sentido y nos ennoblezca o encanalle, según nuestra propia tendencia. La voluntad está en juego.
3 may 2006
De puntillas
El despiste me congela. Ando triste, pensando que entro en una dimensión por explorar, esperando a que lleguen los avezados a recordarme que yo ya no, que más bien nunca, que ni lo sueñes, en fin.
Pero ahora sonrío porque los borro de un pestañeo y desaparecen (lejos) ante mi ansiedad rotunda.
Pero ahora sonrío porque los borro de un pestañeo y desaparecen (lejos) ante mi ansiedad rotunda.
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