Niño perdido en sus sueños, evoca realidades que existen sólo en él. Los demás sólo contemplan su cuerpo, rígido por la acción interna. Nadie intuye que en su mundo fluye una aventura insuperable. ¿Por qué limitarse a la realidad, cuando es tan discreta? Cuando no nos permite volar, acertar siempre, saber lo que ocurrirá después. Los sueños sí.
Por eso las madalenas se paran a contemplar sus juguetes, sin apenas tocarlos. Son sus ojos los que proyectan, como cinexines, la luz de la imaginación, pero hacia dentro. Si sabes mirar bien, verás que esos ojos absorben luz, para que la aventura interna sea clara, nítida.
Hemos nacido dados la vuelta, volcados hacia dentro. Nuestro mundo se genera internamente, a partir de los zapatos de otros. Sus vidas se recrean en nuestra mente y de nada sirve ya que la realidad sea distinta. Para nosotros, ha nacido un nuevo ser que lo suplanta, sólo en nuestro mundo, que por miedo la gente rechaza.
Y en la inmensidad sin fronteras de mi imaginación has aparecido de pronto, madalena que daba por imposible.
Ahora sé que todo lo otro ha valido la pena, todo lo que ya pasó, porque me ha permitido llegar a ti siendo quien soy. Porque me has esperado intacto, con la mirada volcada hacia dentro, para verme por dentro. Fuera quedan las cosas grises; dentro, comienza a brillar el sol con fuerza.