Me fijo en los zapatos: Superficies inocentes de piel, intentamos que nos cubran y en realidad nos delatan. Dicen, de nosotros, lo que con el resto del cuerpo ocultamos. Que tenemos miedo, que queremos más, que necesitamos tiempo, que pensamos mucho, que nos gusta que nos miren, que necesitamos atención en la distancia.
Fíjate en si lleva cordones: Si el lazo es doble y bien apretado, si los lleva sueltos o mal atados, si están recién puestos o comidos por las puntas. Si le gusta el riesgo o necesita control, si sabe imrpovisar o es planificador, si es estricto o generoso.
Si son de tela o cuero y de qué color. Si es importante la apariencia o sólo el fondo, si dice sólo lo que las palabras significan o sugiere sentimientos camuflados entre sílabas.
Si son altos o bajos. Si se atreve a tocar el suelo y sentir que forma parte de él o prefiere asumir que aplastar es lo menos malo.
Si llevan tacón o suela plana. Si necesita que piensen que evoluciona, hacia arriba, o prefiere que le consideren asentado y seguro. Si es un pájaro, libre y frágil, que despega, o una tortuga, infalible, en su caparazón.
Si terminan en punta o son romos. Si está a la defensiva, pendiente de la respuesta al entorno, o se adapta hasta convertirse.
Si llevan adornos adicionales. Si necesita dar un elemento adicional a lo que hace para imprimir valor, porque la mera funcionalidad le aburre.
Si sólo contienen lo necesario para cumplir su función. Si le gusta ahorrar en lo superfluo para desprenderse en lo importante. Lo que nadie ve. Lo que tú presientes.
Si son esbeltos, adornados, detallistas. Si pretenden o asumen.
La persona que está dentro los eligió.