13 jul 2007

El hombro de ÁNGEL

Ser de aire para infiltrarme; que por sus poros, por su sonrisa, entre yo.
Que forme parte por un instante del oxígeno que inspira, para colarme, sin daño, por sus alvéolos, recorrer en su sangre su cuerpo entero hasta aterrizar frente a la puerta de sus recuerdos. Tendería entonces una tienda de campaña, para esperar, sin prisa, al momento en el que la memoria deja escapar alguna imagen pasada. Sacaría entonces, a toda velocidad, mi cazamariposas de seda, para capturar, sin estropearlo, ese recuerdo hermoso; lo proyectaría entonces una y mil veces sobre las paredes de mi tienda, por dentro, para aprenderlo, para aprehenderlo. Y una vez mío, lo dejaría ir, para que regresara de nuevo a su fortaleza, sin ser extrañado.
Así lo haría, una y otra vez, hasta haber sentido cada nota de la música de su vida. Y entonces, cuando me hubiera vuelto compositora de sus pensamientos, imitaría a Amélie. Con las copias exactas de sus recuerdos, recortaría los fragmentos bellos, para reconstruir, con cuidado, un pasado ahora imperfecto que no le deja sentir, ni respirar, ni seguir; que le tiene roto, desencantado, con el halo de las hadas alejado de sus ojos, de sus venas, de su sonrisa. Construiría para él un pasado justo, adecuado al brillo con el que a veces, en escasos segundos, ha permanecido mirándome, antes del pero ya no.
Disfrazada de mensajero, me acercaría a la puerta. Llamaría tres veces, como los buenos enviados, y narraría mi largo viaje, con noticias traspapeladas de otros tiempos. Él abriría el sobre de mis recuerdos reconstruidos solo para él, y su sonrisa volvería a estar llena de luces.
Tener una varita mágica con la que transformarme, a toda velocidad, en su ser amado.
Ser de aire, otra vez, para infiltrarme en su alma, para entender lo que siente y cuidarle desde dentro.
Comprendo sus alas rotas; entiendo su miedo denso, triste y lento. Comprendo su huída hacia ningún sitio, que arrastra, por más que corra, el pasado enganchado a la espalda.
Veo su esfuerzo por continuar, reconstruyendo un ángel nuevo cada día. Veo su afán por pegar sus alas, su anhelo de ilusiones descolgadas.
Yo no quiero que me devuelva la ilusión que sintió antes, cuando joven, por cualquier otra. Yo quiero al ángel de ahora, el que huye desorientado de su pasado en llamas. El que me teme, porque lo que siente conmigo es distinto y no sabe cómo manejarlo. Porque conmigo lo que surge es nuevo, no devuelto del antes. Porque quiero, para él, que su vida continúe, que cada día que venga no sea una fotocopia del anterior, de los anteriores.
Quiero inventarme un futuro para él, dibujarlo con cuidado y mostrárselo, lleno de palabras, de sonrisas, de tiempo, de ojos que se sonríen sin necesitar unos labios, ocupados ya en juntarse para siempre jamás.