Olfato líquido, se infiltra y lo nombra todo.
Sin ojos, ni piel ni espejos en el baño, piensa al otro lado y nos encuentra.
Sabe lo que queremos; se lo decimos nosotros, en oraciones agnósticas de listas con deseos entre comillas.
Responde siempre.
Sin pereza, no hay castigos, ni pecados ni ausencias.
Se planta con destellos de soluciones enlazadas, entre opciones pulcras que ordena en una lógica algorítmica inmediata que nos consuela.
Navega silencioso entre quienes ansiamos, nos titula y nos recuerda.
Nuevo Arcángel virtual de nuestro siglo, cuidadoso omnipresente, San Google Buscador.