Lagos muertos, engloban la realidad cautiva. Cilindros sin verso, preparan recetas de luz rancia, desollada de reflejos francos.
Alas de alquitrán, planean sin alma estrategias que susurran desgarros.
Silencio miedo.
Verdades como sepulcros, enterradas bajo lápidas de sierra.
Ahí fuera nadie intuye; nos creen brillar con fuerza.
Incautos, se acercan atraídos por el hedor del canto en playback.
Sucede entonces, en un segundo afilado con aguja terca.
Y en cada rapto, la mensajera extirpa una ilusión sincera; quienes aún golpean con mano limpia el cristal oblicuo, desde dentro, reciben descargas descarnadas de metralla entera. Son restos de hueso y dientes, víctimas del no quiero vivir más en la gran mentira eterna.
No hay salida. El pacto se firmó en pergamino de luz seca. Presa en la mirada de la Urraca vieja, en cada succión oigo el crujir de un alma nueva.