6 dic 2012

Bendito Viércoles

Palmeras despeinadas, árbol del trópico desubicado en el invierno de Madrid.
Entre los edificios el viento silva, empuja,  entorpece.
Sale un sol que no calienta. Inútil dibujante de luces hermosas como panales en escalera sobre el cristal.
En la oficina llueven los proyectos kinder: siempre tienen alguna sorpresa esperándote.
Por eso hoy como a prisa, de pié, a deshora, sin plato ni cuchara. Todo pan y alguna patata bajo el ketchup.
Pero nada de todo eso importa: la musica sonó en la mañana anunciando el descanso: es viércoles.

27 oct 2012

Frente al suicidio colectivo, diarrea sentimental

Lloran los vecinos al saber del hombre que se suicidó al peder su casa.
De haberlo sabido, ¿cuántos se habrían ofrecido a alojarle, al menos durante unos días, por turnos?
Quizá sólo por saberse merecedores del mérito de haber evitado una muerte, que no es cosa poca.
Valientes, héroes de cartón piedra, pero reales y capaces entre sus cuatro paredes.

Esto no significa que no haya que manifestarse; que los bancos no deban pagar el destrozo que han causado en la vida de muchas personas, que son más que números de cuenta.

Pero además estamos nosotros.
¿A quién le preguntaron si quería venir a este mundo, tal y como funciona?
Yo me encontré aquí por sorpresa, con el envase elegido por el mero azar genético, embutida en una cultura no elegida, y con los años, obligada a comportarme como una persona mayor.
Hay hambre; la gente asesina, miente, roba. Incluso en las zonas que nos atrevemos a llamar civilizadas.
Ante el riesgo, lo normal es el "sálvese quien pueda", y si tengo que pisar cabezas, allá ellos: haberse quitado antes de debajo de mi bota.

Con el paso del tiempo, el cúmulo de heridas va haciendo mella.
Hasta que un hombre se suicida: mejor muerto que en una vida perra y arrastrada en la puta calle. Sin casa y sin nada que llevarte a la boca; con la vergüenza del fracaso escrita en la frente, con el silencio por respuesta. Con la mancha en el alma de saber que a nadie le importa. Con la inmensa tristeza de saber que  tus iguales te ignoran por pura pereza. Yo le doy la razón: creo que es mejor estar muerto. Y así, tal y como funciona el mundo, parece que la conclusión lógica es el suicidio colectivo (ya que te pones, al menos hacerlo en compañía).

Pero, ¿es de verdad la única opción? ¿No somos capaces de algo mejor? ¿No podemos echar el freno, mirar al de enfrente a la cara y preguntar: "¿Cómo estás?" Y que la pregunta sea sincera, que nos importe en serio. Y si podemos, ayudar. Aunque sea dando la hora a un desconocido en plena calle. Al menos, así  tendrá la certeza de que llega tarde, una vez más.

Todos, todos, podemos dar sin sentirnos estafados, gorroneados o sin echar en falta lo que dimos. Piensa y se te ocurrirá que quizá una simple sonrisa en el ascensor, mientras bajas, es un regalo.

Si alguien le hubiera escuchado, si él hubiera sentido el apoyo sincero de otros, si no se hubiera sentido culpable de aceptar esa ayuda al saber que él hubiera hecho lo mismo, aún estaría vivo para seguir reclamando al banco lo que es suyo por derecho como ser humano.

Creo sinceramente que existe alternativa: frente al suicidio colectivo, ¡diarrea sentimental!
Queramos a todos, que a todos nos hace falta.

Utopía

Luna vestida de trenza, luz de ave, mujer.
Llama que brota en la rabia, dolor al nacer.
Furia de manos frías, lengua de mar que viste tus pies dormidos.
Golpes de tacón metálico como dedos consentidos sobre un piano nuevo.
Descalza. Ojos bañados de un sentir de roca y lava.
Llueve sobre gris. Nacerán colores. La risa brota de un abanico rojo: Mariposa como labios de excursión.
Manos que esculpen latidos. Generosas en su autogobierno, abren la puerta a saberse uno.
La libertad te encuentra y de pronto, sabes que los otros te ven hacer.
¡Protagonista de tu existencia! Consciente del poder de tus mandatos. Al nacer, tras el dolor primero, surge la influencia.
María Pagés, Utopía.

23 sept 2012

Manifiesto de una terrícola

Quiero ser tratada como ciudadana del mundo.
Que la diversidad no sea excusa para cerrar fronteras.
Que las fronteras no sean base de ningún poder.
Que el poder no sea origen de jerarquías.
Que las jerarquías no lleven a la servidumbre, a la obediencia por el miedo.
Que obedecer no implique mayor seguridad, mayor riqueza.
Que la riqueza no conduzca a reforzar fronteras.
Que las fronteras no lleven a reforzar las diferencias.

Propongo empezar desde abajo, en horizontal, y hasta el infinito y más allá.
¿Fundamentos? Cooperación abierta, honestidad, libertad para pensar, para expresar.
¿Herramientas? Bancos de tiempo, grupos de trabajo, apoyo mutuo. Sin partidos, sin estructuras, sin organigramas.

Yo puedo empezar por aprenderme el nombre de mis vecinos. Por saberme el nombre de todas las personas que trabajan en mi empresa. Me pongo con ello.

¿Deseos? Que Merkel sea sólo una más entre nosotros. Que se ofrezca a enseñar alemán a cambio de un mes de alquiler. Que si vuelve a intentar decirle a Europa lo que tiene que hacer, nos limitemos a sonreír y a decirle: "Bueno, hoy se te ha vuelto a olviar tomarte la pastilla; venga, tranquila, ya pasó, ahora eres como todo el mundo, ¿recuerdas?"

Beso la bandera de la Tierra:





¿Alguien más quiere un planeta de todos?





26 feb 2012

El individuo en la carnicería

He hablado de un individuo dividido; cada elemento que lo compone interviene con una intensidad y dirección dadas, como los vectores, en relación con solo algunos de los otros elementos del sujeto, mientras el resto permanece ausente en la tarea concreta. Así, en cada situación el sujeto se descompone (de ahí sus piezas colgadas en la carnicería) y se entrelaza en un flujo único que no se repetirá de la misma forma jamás, pues no hay dos circunstancias iguales. En ese juego de la descomposición activa, perdemos nuestra identidad como individuos para ser parte de un flujo de acciones entrelazadas, formando un episodio. Si admitimos esto, el viaje en el tiempo no debe parecernos un traslado de nuestra unidad corpórea, sino una intervención posible en uno de esos flujos reabierto y reinterpretado con la velocidad de una neurona. Es el pensamiento y no el cerebro quien puede realizar ese viaje, interceptando mensajes y flujos neuronales generados en otro tiempo, pero accesibles desde el nuestro.