20 jul 2013

Avismo

Son las tres. Agotada sin sueño.
He caido en la trampa final, en mi propio avismo. Abandonada primero por mi.
Trama trazada para darle un final triste, justificado ante un publico indiferente.
No es sana tanta molestia para tan poco. Prefiero el impacto claro, certero, a la agonía inconcisa, difícil de interpretar. Que mi anhelo sea más preciso que mi presente, para garantizar un futuro sin niebla.

12 jul 2013

Autoconcepto

Su voz dulce iba abriendo grietas por las que salía un aire usado, ya respirado tantas veces que había dejado de alimentar cualquier pensamiento. Entró la luz: recordé lo que una vez, cuando aún opinaba, llegué a pensar de mí: agresiva, impaciente, impulsiva, violenta, llena de rabia hacia un mundo en el que me dejaron caer encapsulada en un envase limitado, con un aquí y un ahora y solo uno.

Ansiaba con verdadera voluntad la ubicuidad, el no ser y estar, el sentir sin tocar ni oler. Ser energía pura, capaz de vivir experiencias distintas simultáneas que se retroalimentan, aprendiendo en tiempo real unas de otras: ser niño en Japón, abuela en Honduras, joven en Nueva York, al mismo tiempo, con la misma identidad íntima, en un intercambio sin fin de experiencias superpuestas.

Por eso no me importó aniquilar mi cuerpo; quería creer que al desintegrarse, de puro flaco, me convertiría al fin en energía. La no existencia me parecía un lujo fuera de mi alcance, y una vez condenada a exisir, qué mejor que hacerlo a mi manera: en todas partes y en ninguna, antimateria.

Y usé esa rabia interna para conservar la voluntad, inamovible ante el hambre y la debilidad, irreflexiva ante el dolor ajeno y la propia enfermedad. Solo una persona profundamente rabiosa lo consigue: solo algo así te hace no tirar la toalla ante la evidente insensatez.

Furia disfrazada con los años de una identidad ñoña e infantiloide, que ni yo misma me creo, pero que me ha ayudado a no incumplir la promesa que hice a la hermana de mi padre: la de no morir antes que él.

Y por eso viajo: para dar un respiro a la fiera encerrada en el aquí y ahora, para intentar vivir la vida de otros en una observación ávida de ser más.

Y por eso me rodeo de personas que de una forma u otra se creen su papel, lo interpretan sin dudar y ansían la materia y el ya mismo: para aprender a dejar de desear, sin cansancio, el desnudarme de mi propio cuerpo (al que por cierto, empiezan a salirle varices).