29 oct 2014

La pinza en el estómago

Necesito explicar la pinza que me agarra el estómago.
No se trata de una sensación de emergencia. No es querer cambio, necesidad de una realidad distinta.
Tampoco es como antes, cuando el pasado era la soga que apretaba mi cuello.
Ahora soy libre.
Puedo ir, estar, parar.
Puedo pensar.
Puedo decir lo que pienso.
La amenaza ha cesado.
Ya no debo quedar quieta, queda, en silencio, ante amenazas cursadas por la intolerancia de quien teme la transparencia de su alto nivel de incompetencia.
El miedo ha muerto. Ante la falta de presión, todo va volviendo poco a poco a su lugar.
Vuelvo a enfadarme, a reconocer mi derecho al enfado.
Vuelvo a sentir lástima y asco por las personas sin entrañas.
Vuelvo a pensar que quien se deja el ánimo en casa para ir a trabajar es como si prostituyese su esencia. Follar con el espíritu sin condón por dinero. Putas de oficina.
Y antes de que todo esto se convierta en rabia, soy libre de ir a tomar un café al sol sin horario, sin órdenes, sin miradas.
Nadie que me diga cómo debo vestir, a qué hora debo llegar, con quién puedo hablar, qué puedo decir, qué debo callar.
Y continúa ahí, la pinza en el estómago.
Porque no puedo olvidar, ni perdonar, ni hacer como que no ha pasado.
Ojalá existiera un sicario de almas, para extirpar a golpes el aliento de las putrefactas. Para que sus ambiciones mediocres hiedan por fuera como lo hacen por dentro. Para que entiendan que el dinero no cura la soledad. Porque estar solas no es la consecuencia, es la primera causa de todo cuanto hacen. Porque no saben, aunque quieran, amar a otro, ni logran consentir su libertad.

21 jun 2014

El hijo de Ángel

Javier decidió no acudir a la reunión; avisó el mismo día, sólo un par de horas antes, olvidando a alguno de los convocados.
Javier creador de proyectos con fecha de caducidad; cuando el presupuesto finaliza, cuando el día de entrega llega, el afán creativo se consume en sí mismo. A eso aspiramos quienes no asumimos la creación de otro ser humano; a ser padres de criaturas con fecha de caducidad, que ven la luz mientras alguien se encarga de alimentar el presupuesto. Ponemos el alma en ello, eso es cierto; pero con la conciencia tranquila: Si nos equivocamos, sólo será cuestión de rectificar e intentar que el "project plan" no sufra demasiado. Nuestras criaturas son flexibles y aceptan ciertas fluctuaciones.
Ángel no; él cometió la hermosa locura de crear a otro. Asumir la responsabilidad de trenzar, con las mimbres de un niño, la personalidad de alguien nuevo. Y allí estaba él, sentado, intranquilo, en un intento frustrado por dominar la rabia inquieta que bailaba con tacones altos sobre su conciencia; por ser el mal padre que no acompañó a su hijo en el último día de clase (fue uno de los grandes olvidados en el anuncio de cancelación de la reunión de Javier).
Efecto mariposa: Un tercero del que nada sabemos cambia los planes de Javier, quien no sabe que el hijo de Ángel existe, y sin embargo arruinó su llegada triunfal al cole de la mano de su señor padre.
Cuando los creadores de proyectos olvidamos a los creadores de personas, perdemos. No importa que pongamos el alma en lo que hacemos; no importa que seamos geniales, que nuestras ideas hagan vibrar a otros por la intensidad con la que creemos en ellas. No importa que un proyecto pueda ser palanca de cambio, que pueda impulsar a la empresa en un mercado hiriente, que la haga ganar más; si olvidamos que detrás se forjan vidas, que cada minuto cuenta, que cada mirada es el mensaje de algo complejo, ilimitado, único y rabioso por escapar de un cuerpo escueto, si olvidamos que somos capaces de dar vida a algo mucho más grande que un proyecto, si la mirada de un niño deja de ser importante, perdemos.
Consuela saber que aún quedan locos sueltos, con la ilusión de crear a otros; sabiéndose capaces, sabiéndose bien intencionados: Con la vista puesta a largo alcance, en el proyecto de toda una vida, con el valor de quien se compromete para siempre a no perder el título de padre hasta el infinito y más allá. Quienes renunciamos a eso por sabernos torpes, por miedo a crear monstruos, por egoismo del tiempo que nos asusta entregar al proyecto de otro, por comodidad, por no renunciar al derecho al suicidio, por no confiar en quien nos apoye para crear algo tan grande; los miedosos, los renunciados, los que nos llamamos libres para no asumir la falta de compartir tanto; los que asimilamos la vida como una película de la que no queremos ser actores, cuando llegamos a casa somos perfectamente conscientes de que todo cuanto creamos son muñecos de ventrílocuo; tan pronto quitamos la mano y la voz, el muñeco se viene abajo. Y aunque incluso a veces seamos capaces de sentir algo por nuestros proyectos-muñeco, jamás viviremos la experiencia de engendrar una vida independiente de la nuestra.
Los autores de personas no deberían afligirse por motivos de trabajo; forma parte de la primera cláusula del contrato de un señor padre.

9 may 2014

Inventando el amor

Necesidad de salir de mí.
Ojos llenos de dar.
Ansiedad de explotar para infiltrarme.
Insatisfacción del límite,
tan aquí y ahora que no puedo ser tú.
Envidia de cuanto te conforma.
Romperme para seguirte,
Renunciarme para crecerte.
Identidad ficticia, mi alma que ya no.
Ahora finjo contenerme para no asustarte.
Pero sé, desde que estás, que yo escapé para amarte.

5 abr 2014

Olvido

Olvido: Puerta abierta por la que se escapa el fluir del tiempo.
A partir de ahí, cuando la necesidad de encontrar una historia personal desaparece, cuando el hilo conductor de la vida se disuelve, aparecen las cápsulas.
Cápsulas tridimensionales, momentos rellenos de imágenes, sonidos, olores, sentimientos. Inconexos en el fluir del tiempo, imposibles de ubicar, pero reales, completos, plenos.
Cuando recuperas una, te envuelve. Si de pronto un olor te da acceso a un momento encapsulado, pierdes la noción de lo que eres y vuelves a ser la de entonces. Cuando aún no sabías que hay que sentarse con las piernas cruzadas, cuando aún no te depilabas, cuando aún mirar fijamente a algún desconocido no era de mala educación, cuando aún saltar en los charcos o coger insectos con la mano era habitual. Cuando aún tu pelo no formaba parte de un proyecto de obediencia perfecto, en el que te diagramaron para encajar, deformando lo que eres para entrar en el molde. Cuando aún decir la verdad causaba risa y no enfado. Y recuperas el instante pleno, sin normas, con la sonrisa que echa a volar porque no cabe en tu cara.
Los ojos abiertos como platos, la boca llena de dientes, y un "hala" que se escapa de pura sorpresa ante un mundo que parece haber sido puesto ahí para ti, que casualmente pasabas por la vía láctea en su milimésima partícula de tiempo correspondiente al periodo entre tu llegada y tu marcha. Toda la construcción del mundo ideada sólo para tus ojos. Increíble pensar que eso estuviera ahí antes. ¿Para qué, si tú no estabas aún?
Cápsulas tridimensionales que flotan en un mar que juega con ellas a las damas. Las descoloca, las recompone, las agrupa en mil formas distintas, pero el contenido, intacto, cada vez más desprovisto de detalles cárnicos, cada vez más provistos de sentido, van contigo, en ese mar compuesto por momentos encapsulados.
Soy la gran encapsuladora de momentos inconexos, sin un dónde ni un cuándo, pero sí un para qué.
No quiero más tiempo; no me atrae la eternidad.
Reencarnación: Llevar conmigo mis cápsulas de una vida a otra, hasta que el mundo me haya llenado tanto que deje de necesitarlo.
Cada vez con ojos nuevos, bajo una perspectiva diferente, pero con un mismo sentir: el de la gran encapsuladora.

29 mar 2014

Me cago en el amor

Así gritaba, así, así, así gritaba, así, así, así gritaba que yo la vi.
Y con su voz desgarraba el aire que yo respiré. Y sus palabras alimentaron mis pulmones.
Mientras, mi cabeza daba vueltas al escuchar a Sócrates hablar de amor. En mitad de una orgía, comenzó el juego. Quien perdía la silla, debía confesar su idea de amor. Y habló Sócrates. Habló del orgasmo sin carne, del amor por encima de lo humano, del aquí y ahora, del tú y yo. Del amor como parte de un todo del que formamos parte, más allá del cuerpo, de la realidad física que nos ha tocado experimentar. El amor entendido como sentimiento puro, como experiencia del espíritu. ¿Tiene sentido? ¿Somos capaces, en la edad de la efebocracia, del éxito cortoplacista, del materialismo individualista, de experimentar un sentimiento que sobrepasa nuestro ser? ¿Podemos acaso rozar el sentido de lo que implica? Comprender que la ira, el miedo, la alegría o la sorpresa son universales porque están hechas de lo mismo, ese algo común que nos hace sentir que pertenecemos. Si fuéramos líquidos, nos diluiríamos y sería imposible volver a separarnos. Ya no se podría ver de quién es este o aquél sentimiento. De hecho, saldría un supersentimiento único que superaría a los sentimientos humanos diminutos enanos y envasados en píldoras cárnicas. Sin Dios ni cielo ni Iglesia que lo sustente. Puro sentir orgásmico, etéreo, universal y apócrifo.
¿Somos capaces de concebir el amor universal sin caer en el misticismo religioso? ¿Entender que el cuerpo es una mala reproducción de lo que podemos llegar a sentir si vamos más allá, si subimos un escalón más y ascendemos al amor al todo?
Sin Dios. Amor sin Dios. Sin cruces, sin sacrificios, santos ni angustia. Un amor de orgía universal. Donde todos aman a todos y se lo demuestran sin mojigaterías de cuáquera estreñida, sin normas, sin límites.
¿Te atrae la idea?
Quizá estés a tiempo de vender tu adosado, de renunciar a tu cuatro por cuatro, de donar tus hijos a la ciencia y de empezar a vivir... o quizá ya estás tan integrado que no se puede esperar nada.
Quizá la voz rasgada de la chica no impactaría en tu alma. Quizá mirarías el reloj, preguntándote si la niñera le ha dado de cenar al crío antes de acostarle. O si estarán jugando a la play en lugar de estar durmiendo, mientras tú no logras concentrarte en lo que dice o hace Sócrates en el escenario.
Contra tanta realidad yo no puedo. Te dejo a solas con el bibe.

28 feb 2014

Mírame

Porque tengo el poder de ponerme frente a tus ojos e irrumpir en ellos.
Porque estás vivo para verme, para saber que yo.
Porque cada minuto es tiempo perdido para capturar la experiencia de saberse vivo, de sentir que estás sintiendo, de entender que un día todo dejará de estar para ti, porque tú ya no.
Porque en el infinito de mundos, de instantes, de vidas que una vez fueron, tu estás.
Porque la vida es nuestra partitura por concebir.
No dejes de escribir. No dejes sin crear la música de tu aliento.
No dejes de hacer saber a los demás que estás.
No te venzas a la pereza de la existencia como debe ser, como ha sido de toda la vida.
Por una vez, grita.
Por una vez, abre los ojos.
Por una vez, que el color del mundo sea tuyo y lo esparzas a los cuatro vientos.
Porque cuando quieras coger el pincel para dibujarte, quizá ya no seas.
No esperes. Vive, mírame.