Javier decidió no acudir a la reunión; avisó el mismo día, sólo un par de horas antes, olvidando a alguno de los convocados.
Javier creador de proyectos con fecha de caducidad; cuando el presupuesto finaliza, cuando el día de entrega llega, el afán creativo se consume en sí mismo. A eso aspiramos quienes no asumimos la creación de otro ser humano; a ser padres de criaturas con fecha de caducidad, que ven la luz mientras alguien se encarga de alimentar el presupuesto. Ponemos el alma en ello, eso es cierto; pero con la conciencia tranquila: Si nos equivocamos, sólo será cuestión de rectificar e intentar que el "project plan" no sufra demasiado. Nuestras criaturas son flexibles y aceptan ciertas fluctuaciones.
Ángel no; él cometió la hermosa locura de crear a otro. Asumir la responsabilidad de trenzar, con las mimbres de un niño, la personalidad de alguien nuevo. Y allí estaba él, sentado, intranquilo, en un intento frustrado por dominar la rabia inquieta que bailaba con tacones altos sobre su conciencia; por ser el mal padre que no acompañó a su hijo en el último día de clase (fue uno de los grandes olvidados en el anuncio de cancelación de la reunión de Javier).
Efecto mariposa: Un tercero del que nada sabemos cambia los planes de Javier, quien no sabe que el hijo de Ángel existe, y sin embargo arruinó su llegada triunfal al cole de la mano de su señor padre.
Cuando los creadores de proyectos olvidamos a los creadores de personas, perdemos. No importa que pongamos el alma en lo que hacemos; no importa que seamos geniales, que nuestras ideas hagan vibrar a otros por la intensidad con la que creemos en ellas. No importa que un proyecto pueda ser palanca de cambio, que pueda impulsar a la empresa en un mercado hiriente, que la haga ganar más; si olvidamos que detrás se forjan vidas, que cada minuto cuenta, que cada mirada es el mensaje de algo complejo, ilimitado, único y rabioso por escapar de un cuerpo escueto, si olvidamos que somos capaces de dar vida a algo mucho más grande que un proyecto, si la mirada de un niño deja de ser importante, perdemos.
Consuela saber que aún quedan locos sueltos, con la ilusión de crear a otros; sabiéndose capaces, sabiéndose bien intencionados: Con la vista puesta a largo alcance, en el proyecto de toda una vida, con el valor de quien se compromete para siempre a no perder el título de padre hasta el infinito y más allá. Quienes renunciamos a eso por sabernos torpes, por miedo a crear monstruos, por egoismo del tiempo que nos asusta entregar al proyecto de otro, por comodidad, por no renunciar al derecho al suicidio, por no confiar en quien nos apoye para crear algo tan grande; los miedosos, los renunciados, los que nos llamamos libres para no asumir la falta de compartir tanto; los que asimilamos la vida como una película de la que no queremos ser actores, cuando llegamos a casa somos perfectamente conscientes de que todo cuanto creamos son muñecos de ventrílocuo; tan pronto quitamos la mano y la voz, el muñeco se viene abajo. Y aunque incluso a veces seamos capaces de sentir algo por nuestros proyectos-muñeco, jamás viviremos la experiencia de engendrar una vida independiente de la nuestra.
Los autores de personas no deberían afligirse por motivos de trabajo; forma parte de la primera cláusula del contrato de un señor padre.
Javier creador de proyectos con fecha de caducidad; cuando el presupuesto finaliza, cuando el día de entrega llega, el afán creativo se consume en sí mismo. A eso aspiramos quienes no asumimos la creación de otro ser humano; a ser padres de criaturas con fecha de caducidad, que ven la luz mientras alguien se encarga de alimentar el presupuesto. Ponemos el alma en ello, eso es cierto; pero con la conciencia tranquila: Si nos equivocamos, sólo será cuestión de rectificar e intentar que el "project plan" no sufra demasiado. Nuestras criaturas son flexibles y aceptan ciertas fluctuaciones.
Ángel no; él cometió la hermosa locura de crear a otro. Asumir la responsabilidad de trenzar, con las mimbres de un niño, la personalidad de alguien nuevo. Y allí estaba él, sentado, intranquilo, en un intento frustrado por dominar la rabia inquieta que bailaba con tacones altos sobre su conciencia; por ser el mal padre que no acompañó a su hijo en el último día de clase (fue uno de los grandes olvidados en el anuncio de cancelación de la reunión de Javier).
Efecto mariposa: Un tercero del que nada sabemos cambia los planes de Javier, quien no sabe que el hijo de Ángel existe, y sin embargo arruinó su llegada triunfal al cole de la mano de su señor padre.
Cuando los creadores de proyectos olvidamos a los creadores de personas, perdemos. No importa que pongamos el alma en lo que hacemos; no importa que seamos geniales, que nuestras ideas hagan vibrar a otros por la intensidad con la que creemos en ellas. No importa que un proyecto pueda ser palanca de cambio, que pueda impulsar a la empresa en un mercado hiriente, que la haga ganar más; si olvidamos que detrás se forjan vidas, que cada minuto cuenta, que cada mirada es el mensaje de algo complejo, ilimitado, único y rabioso por escapar de un cuerpo escueto, si olvidamos que somos capaces de dar vida a algo mucho más grande que un proyecto, si la mirada de un niño deja de ser importante, perdemos.
Consuela saber que aún quedan locos sueltos, con la ilusión de crear a otros; sabiéndose capaces, sabiéndose bien intencionados: Con la vista puesta a largo alcance, en el proyecto de toda una vida, con el valor de quien se compromete para siempre a no perder el título de padre hasta el infinito y más allá. Quienes renunciamos a eso por sabernos torpes, por miedo a crear monstruos, por egoismo del tiempo que nos asusta entregar al proyecto de otro, por comodidad, por no renunciar al derecho al suicidio, por no confiar en quien nos apoye para crear algo tan grande; los miedosos, los renunciados, los que nos llamamos libres para no asumir la falta de compartir tanto; los que asimilamos la vida como una película de la que no queremos ser actores, cuando llegamos a casa somos perfectamente conscientes de que todo cuanto creamos son muñecos de ventrílocuo; tan pronto quitamos la mano y la voz, el muñeco se viene abajo. Y aunque incluso a veces seamos capaces de sentir algo por nuestros proyectos-muñeco, jamás viviremos la experiencia de engendrar una vida independiente de la nuestra.
Los autores de personas no deberían afligirse por motivos de trabajo; forma parte de la primera cláusula del contrato de un señor padre.