Olvido: Puerta abierta por la que se escapa el fluir del tiempo.
A partir de ahí, cuando la necesidad de encontrar una historia personal desaparece, cuando el hilo conductor de la vida se disuelve, aparecen las cápsulas.
Cápsulas tridimensionales, momentos rellenos de imágenes, sonidos, olores, sentimientos. Inconexos en el fluir del tiempo, imposibles de ubicar, pero reales, completos, plenos.
Cuando recuperas una, te envuelve. Si de pronto un olor te da acceso a un momento encapsulado, pierdes la noción de lo que eres y vuelves a ser la de entonces. Cuando aún no sabías que hay que sentarse con las piernas cruzadas, cuando aún no te depilabas, cuando aún mirar fijamente a algún desconocido no era de mala educación, cuando aún saltar en los charcos o coger insectos con la mano era habitual. Cuando aún tu pelo no formaba parte de un proyecto de obediencia perfecto, en el que te diagramaron para encajar, deformando lo que eres para entrar en el molde. Cuando aún decir la verdad causaba risa y no enfado. Y recuperas el instante pleno, sin normas, con la sonrisa que echa a volar porque no cabe en tu cara.
Los ojos abiertos como platos, la boca llena de dientes, y un "hala" que se escapa de pura sorpresa ante un mundo que parece haber sido puesto ahí para ti, que casualmente pasabas por la vía láctea en su milimésima partícula de tiempo correspondiente al periodo entre tu llegada y tu marcha. Toda la construcción del mundo ideada sólo para tus ojos. Increíble pensar que eso estuviera ahí antes. ¿Para qué, si tú no estabas aún?
Cápsulas tridimensionales que flotan en un mar que juega con ellas a las damas. Las descoloca, las recompone, las agrupa en mil formas distintas, pero el contenido, intacto, cada vez más desprovisto de detalles cárnicos, cada vez más provistos de sentido, van contigo, en ese mar compuesto por momentos encapsulados.
Soy la gran encapsuladora de momentos inconexos, sin un dónde ni un cuándo, pero sí un para qué.
No quiero más tiempo; no me atrae la eternidad.
Reencarnación: Llevar conmigo mis cápsulas de una vida a otra, hasta que el mundo me haya llenado tanto que deje de necesitarlo.
Cada vez con ojos nuevos, bajo una perspectiva diferente, pero con un mismo sentir: el de la gran encapsuladora.
A partir de ahí, cuando la necesidad de encontrar una historia personal desaparece, cuando el hilo conductor de la vida se disuelve, aparecen las cápsulas.
Cápsulas tridimensionales, momentos rellenos de imágenes, sonidos, olores, sentimientos. Inconexos en el fluir del tiempo, imposibles de ubicar, pero reales, completos, plenos.
Cuando recuperas una, te envuelve. Si de pronto un olor te da acceso a un momento encapsulado, pierdes la noción de lo que eres y vuelves a ser la de entonces. Cuando aún no sabías que hay que sentarse con las piernas cruzadas, cuando aún no te depilabas, cuando aún mirar fijamente a algún desconocido no era de mala educación, cuando aún saltar en los charcos o coger insectos con la mano era habitual. Cuando aún tu pelo no formaba parte de un proyecto de obediencia perfecto, en el que te diagramaron para encajar, deformando lo que eres para entrar en el molde. Cuando aún decir la verdad causaba risa y no enfado. Y recuperas el instante pleno, sin normas, con la sonrisa que echa a volar porque no cabe en tu cara.
Los ojos abiertos como platos, la boca llena de dientes, y un "hala" que se escapa de pura sorpresa ante un mundo que parece haber sido puesto ahí para ti, que casualmente pasabas por la vía láctea en su milimésima partícula de tiempo correspondiente al periodo entre tu llegada y tu marcha. Toda la construcción del mundo ideada sólo para tus ojos. Increíble pensar que eso estuviera ahí antes. ¿Para qué, si tú no estabas aún?
Cápsulas tridimensionales que flotan en un mar que juega con ellas a las damas. Las descoloca, las recompone, las agrupa en mil formas distintas, pero el contenido, intacto, cada vez más desprovisto de detalles cárnicos, cada vez más provistos de sentido, van contigo, en ese mar compuesto por momentos encapsulados.
Soy la gran encapsuladora de momentos inconexos, sin un dónde ni un cuándo, pero sí un para qué.
No quiero más tiempo; no me atrae la eternidad.
Reencarnación: Llevar conmigo mis cápsulas de una vida a otra, hasta que el mundo me haya llenado tanto que deje de necesitarlo.
Cada vez con ojos nuevos, bajo una perspectiva diferente, pero con un mismo sentir: el de la gran encapsuladora.