19 jun 2015

Big Data

Big Data son los grandes números.
¿Podríamos contar cuántos seres humanos han existido desde el principio?
Cuántas vidas ha habido.
Cuántos recuerdos.
Cuántos sentimientos enlazados a historias concretas, reales, ¿recuperables?
Energía consumida, compartida, construida, trenzada.
Quedan pinturas, escritos, fotografías.
Ahora también vídeos en YouTube.
¿Es suficiente? ¿Dejar un rastro en Facebook es todo?
¿Dónde está nuestro árbol de Gaia? ¿Es acaso un servidor en la nube?
¿Podremos un día conectar la trenza de nuestro pelo a internet y sentir vívidamente las emociones de nuestros antepasados? ¿Comprender su historia como si fuera la nuestra?
Recuperar emociones auténticas, no relatos torcidos por la conveniencia de los vencedores y el silencio y la vergüenza de los vencidos.
Fotos en blanco y negro de personas que ya no.
¿Para qué esforzarse si no? Construir, conocer, acumular, sentir, compartir. Al cabo de dos generaciones, nadie lo recuerda. Nadie sabrá que has existido. Toda la energía transformada se habrá ido para siempre. ¿Qué sentido tiene la humanidad sin un continuo? Renovarse o morir, morir para renovarse. Consumimos un planeta indefenso, generación tras generación, ¿con qué objetivo? ¿La mera experiencia personal que se pierde en el tiempo como lágrimas en la lluvia, que diría el replicante? Que inventen ya un encapsulador de momentos, para reproducirlos 200 años después, con otros ojos, con otro entorno, con otra historia. Repensar, resentir, reaprender algo ya usado por otros. Revivir la vida ajena, ya extinguida, para completar tus carencias, para crecer en espacios ya inexistentes. ¿Se pueden reconstruir las estructuras y conexiones entre axones y dendritas para replicar recuerdos? Matrix y Avatar combinados para complacerme.