30 abr 2016

1440 almohadones

La cama me ata con piedras en bolsillos inexistentes. Me pregunto para qué levantarme si nadie me espera, si no debo ir a ninguna parte. Nadie marca ya el horario al que debo acudir a ningún lugar. La única que decide sobre qué hacer con cada minuto de mi tiempo soy yo. 1440 decisiones al día.
La libertad se presenta como un almohadón sin relleno. Para que sea útil, hay que darle contenido. He encontrado miles de cosas que hacer, pero no vale completar la funda con piedras. Seleccionar, establecer prioridades, decir que no. Tareas que me impongo a diario para que los 1440 almohadones no anden fofos ni repletos de absurdos.
Abro los ojos. No ha sonado el despertador. No lo he oído. El sol ya entra por la ventana. He perdido la noción del tiempo. Froto los pies contra el algodón de la funda del forro polar. Siento el calor suave. Miro despacio las formas de la luz sobre el techo. Recorro con la vista la lámpara, hasta la esfera de cristal blanco. Debería levantarme. Antes, necesito saber qué voy a hacer. Levantarme sin un plan me da vértigo. Hoy no tengo que ir a ninguna parte. Ninguna entrevista que hacer para el blog, ninguna conferencia, ninguna feria, ningún Meetup. Sólo la selección ordenada de contenidos gratuitos de formación me espera paciente en el correo electrónico.
Me he preguntado muchas veces por qué realmente he seguido tanto tiempo con ello. Nadie me lo pide, nadie se extrañaría si dejase de funcionar, Nadie me paga por hacerlo.
Hoy una poetisa ha dicho una frase que se me ha clavado en la puerta de los pulmones: "Vuestra ignorancia os convierte en culpables". He pasado el último año y medio de mi vida tratando de transmitir a través de un blog de formación que lo más importante es aprender. Si no sabemos, decidiremos mal, viviremos sólo por encima, no sentiremos lo mismo. Aprender a pensar, a conocer, permite experimentar la vida, no sólo dejarla pasar.
1440 minutos repletos de conocimiento al día serían suficientes para llenar de sabios el planeta.
Pero a mi al rededor la gente ha llegado a una edad en la que ya lo sabe todo y ha perdido el interés, la motivación, la humildad y la curiosidad para seguir aprendiendo. Viven dando lecciones sobre lo que creen que saben. Me enfrento a estatuas en pedestales, y yo les pido que salten y echen a andar.
No, no voy a dejarlo. Porque aunque no sirve para nadie, seguirá ahí para cuando estén preparados. Para todos aquellos que no han olvidado la emoción de salir corriendo a esconderse cuando el que la liga empieza a contar, para todos los que recuerdan cómo se montan las piezas del exin castillos, para quienes no podían cerrar la boca al acelerar en el scalextric, Para quienes aún sienten la tentación de saltar en los charcos, para quienes aún siguen con los ojos las gotas de lluvia mientras se escurren por el cristal. Para quienes guardan una canica de ojo de gato en algún cajón y no han olvidado cómo se escava un guá. Para quienes creen que una chapa de coca-cola  es un balón de fútbol, para quienes jugaron a las cartas de las familias. Para quienes aún siguen siendo los de entonces, dedico mi ventana de conocimiento abierto. Nunca es tarde para seguir jugando a aprender.