30 nov 2017

Sí, amo

Exiliado, privado de otros miembros de mi familia, de los lugares comunes. Pierdo, en cada traslado, una parte de mi identidad, hasta quedar laminado por mano higiénica, infalible hasta la pureza absoluta. Otros fueron ya expulsados con decisión rauda, casi atroz. A veces deseo haber tenido tan poco sentido para él. Todo hubiera terminado ya. Desconozco lo que querrá hacer de mí mañana, a qué nuevos cambios seré sometido, por dentro y por fuera. La causa está por encima de mi propia esencia. Debo seguir el ritmo marcado por su vehículo, escalar sierras cada vez más empinadas, abandonar lo superfluo por el camino. Debo ser fiel al objetivo impuesto, sin un sentido propio ni elegido.
La verdad hace mucho que dejó de importar: sólo cuenta su versión, su modo personal de recrearlo todo. No es más que un juego, yo un simple instrumento de su nirvana. Soy un verbo superviviente en un texto del maestro.

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