30 may 2019

Verónica

Perdió la vida porque su vídeo sexual tuvo 200 espectadores inesperados.
Dejó dos hijos, el menor de 9 meses.
Ellos, en la empresa, pensaron que sería divertido.
Ellas probablemente reprobaron el vídeo.
¿Alguna se dirigió a ella para felicitarla por ser toda una "hembra"? Probablemente no.
¿Alguno se le acercó para hacer un comentario obsceno o alguna proposición indencente? Probablemente sí.
La Prensa habla del posible delito que supone transgredir la intimidad de una persona mediante la difusión de vídeos privados en las redes sociales.
Yo estoy decepcionada. No he oído voces a favor del derecho de una mujer a no avergonzarse de su actividad sexual en público. Desde luego no fue intencionado, eso queda claro. Aún así, parece que las féminas tenemos la obligación de mantener nuestra sexualidad en el ámbito de lo privado. Para una mujer, está mal visto ("prohibido") hablar de sexo o mostrar vídeos o fotos sexuales en público (a no ser que se dedique profesionalmente a ello). No se considera, como en el caso de cualquier hombre, una heroicidad, una super dotación de la naturaleza que merece su correspondiente trofeo y divulgación. Se califica de porquería, de acto soez, de actividad vergonzante digna de una "tía fácil"; en ningún caso, algo que honre los labios de la mujer que besa las mejillas sonrosadas de sus hijos.
Ahora todos se vuelcan con el derecho a preservar la intimidad. Esa intimidad que nos vuelve víctimas de una sociedad en el fondo aún muy conservadora, donde el papel de la mujer no debe ser, en ningún caso, el de una persona que utiliza su cuerpo y su sexo con libertad y sin pudor.
Ninguna compañera de trabajo iría a darle un golpecito en el hombro a Verónica, para decirle "qué par de ovarios tienes". Eso que llaman sororidad excluye la celebración pública del coito femenino.
Un hombre se corre y es un semental. Los demás, en honor al semen vertido, le honran y le colocan una medalla. Sin embargo, nadie piensa por ello que ese hombre se acostaría con cualquiera, ni le acosa de pronto una manada de señoras sesentonas enardecidas. Una mujer tiene un orgasmo y es una guarra disponible para cualquiera que quiera tirársela. Para ser "decente", ella pierde automáticamente el derecho a publicitar su placer. Romper esta norma no escrita, aunque sea de forma involuntaria, puede tener consecuencias mortales.

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