No quería, boom, boom.
Dedicar una línea.
Me repelen las poesías, los escritos tiernos sobre el viaje interno, sobre la reflexión en soledad.
El descubrir la meditación, la calma, el sabor del tiempo.
No quería.
Para mí no es nuevo.
La conciencia de lo efímero es un tinte que se imprime en cuanto hago.
Por eso la emergencia del valor.
¿Para qué molestarse en lo superfluo, lo falso? ¿Para qué construir sobre cimientos de vapor?
Cada instante es un punto de inflexión desde siempre, no lo inventó el intruso coronaboom.
¿Acaso no lo sabías ya? ¿Acaso no lo olvidarás pronto? Lo esencial se nos enquista. Desaprender es un bonito ejercicio de humildad, impermeable a quienes saben mentirse ante el espejo.
Pobres caretas transparentes, se tambalean ante la falta de testigos acólitos, siempre dispuestos a asentir, complacientes. ¿Qué hay de un rey sin el halago de sus súbditos? ¿A qué esforzarse? Y sin eso, ¿qué queda? Construir, pero esta vez, para que sea cierto.
Aquí mi historia. 50 m3 a mi alrededor. A cada estímulo que sobrepasa la barrera de mi memoria de pez.
21 mar 2020
Coronaboom
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