24 may 2006

Con la soga al cuello

Conozco a un ser sin capacidad de escucha. Oye, pero no intuye que en ello va el alma de las personas. O le da igual. Prefiero pensar que no intuye.
Impermeable, impone.
Ajeno a la realidad inminente, pretende, con sus palabras, crear un muro invisible de protección.
Se cree inmune a lo inevitable, porque lo mira desde arriba y piensa: "No, a mí no me llega".
¿Y los demás? Eso no entra en su muro, eso no es su problema.
¿Quién le enseñó a no escuchar?
¿Cómo puede vivir, sentirse vivo, aislado del resto del mundo?
¿Alcanza acaso a imaginar el sentimiento de otro? ¿Se puede vivir sin esto? Sin imaginar, ni de lejos, lo que otro piensa, siente o necesita. Lejos de todo lo que no sea el gran Yo que lo inunda todo.
Tamaña estupidez nunca fue conocida. Ignorancia de la propia carencia, base del alma paupérrima.

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